miércoles, 6 de mayo de 2015

Comenzó la VIII Jornada cubana contra la Homofobia y la Transfobia

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Esta mañana en conferencia de prensa en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), quedó inaugurada la 8va Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia.
El encuentro estuvo presidido por Mariela Castro Espín, directora del Cenesex, Manuel Vásquez, quien está al frente de los Servicios de Orientación Jurídica del Cenesex, y el periodista y activista LGBTI Francisco Rodríguez Cruz.
La Jornada este año presenta una nueva campaña, su lema es “Me incluyo”, y busca sensibilizar a la población desde los centros laborales, pues los mayores espacios de vulnerabilidad de las personas LGBTI se encuentran en el entorno familiar y profesional. Por ello contará con la asistencia de más de 100 líderes sindicales y con el Secretario General de la CTC.
Aunque la campaña anterior no concluyó con el broche de oro que sus organizadores esperaban —un nuevo código de familia— se espera que la actual contribuya a alertar sobre la necesidad de un sistema jurídico que propicie el respeto a la libre y responsable orientación sexual y de género.
Diana Sacayán, de Argentina, quien forma parte del equipo del Programa de Diversidad Sexual del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), también estuvo esta mañana. Su intervención se centró en agradecer la oportunidad pues considera que viene a la Jornada para complejizar y seguir profundizando en “este proceso revolucionario tan hermoso que es Cuba”.
Por otro lado, Federico Graña, activista uruguayo, considera que el trabajo que hace el Cenesex es la base para que las legislaciones se cumplan, y es esencial para poder avanzar en este tipo de procesos.
La Jornada incluirá eventos teóricos, encuentros deportivos y propuestas musicales. El reconocido músico Isaac Delgado expresó esta mañana que actuará en representación de la comunidad artística y cultural de Cuba. Su contribución también ha sido la de incorporar a la causa del movimiento LGBTI cubano a artistas internacionales como la cantante de soul norteamericana Thelma Houston y el grupo de rock mexicano Quetzal.
Quizás lo más distintivo de esta edición es que de ella serán parte diversas autoridades religiosas, tal es el caso del Reverendo Troy Perry, de Canadá, obispo fundador de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana.
El inicio de la Jornada concluyó con la inauguración de una exposición de Byron Motley en la que se muestran fotografías de los momentos más importantes de la edición anterior del evento.
Inauguración de la 8va Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Inauguración de la 8va Jornada Cubana contra la Homofobia y la Transfobia. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Mariela Castro Espín, directora del Cenesex. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Mariela Castro Espín, directora del Cenesex. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Inauguración de una exposición de Byron Motley  los momentos más importantes de la edición anterior del eventoFoto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Inauguración de una exposición de Byron Motley que recoge los momentos más importantes de la edición anterior del evento. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.

Ivette Cepeda: Me gusta darle vida a una canción

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Ivette Cepeda tenía 30 años cuando comenzó su carrera como cantante. La mayor parte de esas tres décadas las había dedicado al magisterio, y cualquiera pudiera pensar que para ella era demasiado tarde. Pero no fue así. En poco tiempo pasó de trabajar en hoteles y centros nocturnos a ser una de las intérpretes más radiadas de Cuba.
En los últimos cinco años ha grabado cuatro discos: Estaciones, Una ventana entre dos, Miracle País. Y espera llegar a contar con, al menos, dos más. En el ampliamente reconocido espectáculo “Vidas” de la compañía Litz Alfonso, participó en sustitución deOmara Portuondo, la diva del Buena Vista Social Club.
La prestigiosa compositora, guitarrista e intérprete Marta Valdés —considerada la figura más sobresaliente de la segunda generación del movimiento feeling— ha dedicado “unas cuantas entregas dominicales” de su columna Palabras al arte de la Cepeda. Sobre su canto expresó:
“Las verdades — clarísimas— que Ivette Cepeda acierta a descubrir en las canciones, saben que no van a necesitar llegarnos a gritos. La voz puede mostrar todo el poderío de que es capaz y, también, acercarse a cada uno de los mortales —cara a cara— con la intensidad precisa, o mostrarse cercana al susurro sin perderse del mapa, siempre a partir del don prodigioso de un canto conquistado a pulmón, que se hace reconocer como inconfundible”.
Cubadebate se propone hoy mostrar a la Ivette Cepeda que hay debajo del vestido de cantante.

Sin ir más lejos

¿Cómo es un día de Ivette Cepeda?
Tengo un niño que entra a la escuela a las siete y cuarto, así que todos los días, exceptuando los sábados y los domingos —que me levanto sobre las ocho y media— la alarma suena a las seis menos cuarto. Y sin mucho programa esa es la hora que más aprovecho porque el día está sin contaminar. Y hago las faenas hogareñas. Soy muy casera y me gusta cocinar, lavar, limpiar, hacer ejercicios.
¿Tiene alguna preparación musical?
No. Por una casualidad más que todo es que soy cantante. No quiere decir que no canté, toda mi vida lo hice, pero no me establecí una meta, no lo veía como un trabajo. Ahora es que tengo muchas ganas de descubrir qué quiere decir cada signo en un pentagrama.
Cuando comenzó a cantar tuvo que preparar un repertorio que incluía canciones en varios idiomas, ¿cómo fue eso?
Yo empecé a cantar en un hotel, y tenía montada con el guitarrista tres canciones. Para trabajar con turistas tuve que valerme de lo que entre los músicos llamamos los estándares, las compilaciones de las mejores obras musicales del mundo. Así que he cantado en ruso, ucraniano, italiano, inglés, portugués, kreole, francés. Ya yo sabía un poquito de inglés y portugués. Para los otros tuve que preguntar mucho. Y en más de una ocasión me han servido los rudimentos que he aprendido de un idioma a través de la música para comunicarme con alguna persona.
¿Cómo llega a Sabina?
Yo lo había escuchado de lejos, como una ciudadana más de un país que sintió alguna vez la presencia de este compositor, pero jamás me detuve, apenas se me quedó el estribillo de Quién me ha robado el mes de abril.
Pero un día estaba es un crucero en el que ponían la música muy bajito, y sentí una canción que se repetía, como una cantinela, no podía escuchar bien qué decía. Y cuando pregunto me dicen que era Sabina, 19 días y 500 noches. Y quise buscar esas canciones.
Al regreso del crucero dejo de trabajar en los cabarets y me invitan a hacer una audición para el cabaret El gato tuerto. Me aprueban, y al llegar el gerente me dice que, aunque allí se debe cantar fundamentalmente feeling y boleros, el público es muy ávido de canciones de Sabina. Y me bastó esa invitación para terminar siendo su aficionada. Muchas de sus canciones después de haber entrado a mi vida solo han vuelto a salir cuando las he cantado públicamente. Y siempre me mueven a la reflexión, y me resultan divertidas. Ahí la tristeza es muy desgarradora, y la alegría es tan despampanante y desfachatada que uno se siente a veces un libertino.
¿Qué le provoca una alegría desfachatada como la de esas canciones?
No tomar en cuenta el factor terrible que es el tiempo. Cuando haces algo sin límite, sin tener en cuenta otras magnitudes que indican la cantidad exacta para hacer algo, eso da placer y la sensación de poder hacer la vida como crees, por lo menos en un instante válido para ti. Eso da una alegría desbordante, desfachatada.
¿Usted es una persona alegre o triste?
Soy una persona bastante callada, pero cuando estoy alegre lo estoy tanto que no tengo otro remedio que compartirlo. Y cuando estoy triste lo estoy tanto que me anulo. A veces se me van las cosas a los extremos, y cantar me ayuda a mantener en equilibrio todos esos estados de ánimo.
Ivette sabe tener alegrías desbordantes. Foto: Alejandro Pérez
Ivette sabe tener alegrías desbordantes. Foto: Alejandro Pérez

Tú cuando amaneces

Ha dicho en varias ocasiones que cuando canta hace cosas que no hace en otros momentos de su vida, ¿tiene que ver con un estado de ánimo especial?
Sí, claro. Creo que es el proceso de entrega. Siento una búsqueda tan linda del público que no me queda más remedio que rendirme totalmente a él. No creo que yo sea un ser de máscaras, ni de capas, sino que el público hace descubrir cosas en mí que son más difíciles de expresar en la vida normal, y que de él obtengo las experiencias más profundas de mí.
Ivette, usted ha simbolizado para muchas personas la posibilidad de un cambio de vida, de realizar un sueño, ¿cómo lidia con eso?
Si a mí me hubieran hecho esta pregunta años atrás, ni siquiera hablándome tan directamente yo hubiera aceptado que cantar era un sueño para mí. En primer lugar porque cantar en mí es muy natural, ¡mis hermanas cantan más lindo que yo! Y yo no creía que tuviera nada en particular. Además de que nadie de mi familia lo alimentó, era más como: “mami, ¿tú me dejas ir al coro?”. “Sí, mija, yo te dejo ir”.
Mi regalo de los 15 años fue una guitarra, porque era lo que más me gustaba en la vida. Aprendí un mirando, porque estaba en grupitos musicales, pero no porque pensara ser cantante.
Lo que hoy reconozco como cantantes muy grandes, en aquellos momentos no se correspondía con mi ideal. A mí me gustaba mucho ver cantar a Miriam Ramos, y me asustaba cada vez que veía en la televisión a Elena, a Moraima, a Omara.
Hoy, a la luz de lo que que ha sucedido, tengo que dar muchas gracias, porque he logrado satisfacer algo de mi corazón que solo puedo satisfacerlo plenamente a través del canto.
Pero yo quisiera decir al revés, que la gente ha logrado un sueño cuando ha ido a un espectáculo donde yo he estado y la ha pasado bien.
A mí me encantó ser maestra. ¡Nadie se imagina lo difícil que es para mí explicar cómo dejé el magisterio!, me da hasta vergüenza…. Fue una profesión para la cual me preparé, en la cual dejé la vida. Eso lo hice con amor, con fuerza, a conciencia. Y como no me preparé nunca para ser cantante, no tengo muy claro todo lo que me queda por hacer.
¿Usted compone?
Soy una asesina de mis propias canciones. Con cinco segundos que vivan es suficiente. Las desaparezco, prefiero emplear el tiempo en cantar cosas de la gente que sabe de verdad.
¿Qué la ha motivado a escribir?
Alguna que otra ausencia, alguna que otra tristeza. Porque se escribe mucho más fácil al desamor. Para escribir algo sobre el amor, el que impresiona y deja una huella, hay que vivir una circunstancia muy especial y cazarla al vuelo. Solo Dios sabe cómo llegan esas palabras.
No soy una persona que observe todos los días la luna, pero la influencia de la luna sobre mi persona, en más de una ocasión, me ha hecho escribir algo. Una vez le escribí unas cosas a un zunzún, y a un sueño, a imágenes de niñez, porque me sigue gustando ver el mundo de los niños y colocarme en él.
¿Qué tiene el mundo de los niños que resulta tan atractivo?
Muchas preguntas, momentos de osadía y de aprendizaje realmente desgarradores, que uno arrastra toda la vida y que componen el carácter. También vivencias a destiempo. Hay cosas que tocan vivir siendo niño y que se llegan a entender cuando se es madre.
¿Cuál es la vivencia a destiempo que la ha marcado?
Cuando niña viví en distintos lugares, me alejé del lugar donde nací, después me acostumbré a vivir en otro lugar, me mudé para otro.
¿Por qué se mudaban tanto?
Porque mi mamá y mi papá se separaron cuando vivíamos en Santi Spíritus. Después nos fuimos para Santiago, donde vivía la familia de mi mamá. Y de ahí ellos decidieron vivir en La Habana, vinieron a vivir al reparto D´beche, en Guanabacoa. Hasta que a mi papá le dieron una casa en Alamar y nos volvimos a mudar.
Nadie se puede imaginar la cantidad de casas en las que he vivido. Me casé jovencita y me fui a vivir al Vedado. Cuando me divorcié, creo que estuve alquilada como en 14 casas diferentes.
Me cuesta entonces un trabajo enorme arraigarme a un lugar. Me acostumbro muy rápido al nuevo sitio. Por eso me llama la atención que, por ejemplo, Alamar sea un lugar muy querido; y que haya temblado de alegría como una niña ante un juguete cuando después que han pasado años, he visitado otra vez al D´beche.
Cuando hace apenas tres años visité después de más de 20 años Sancti Spíritus, yo estaba durmiendo en la guagua y me desperté de pronto y sabía que estaba allí, me di cuenta por el olor, es lo que se me queda de los lugares.
La Cepeda en el Teatro Mella. Foto: Daylén Vega/ Cubadebate
La Cepeda en el Teatro Mella. Foto: Daylén Vega/ Cubadebate

Tú eres la música que tengo que cantar

¿Cómo se reajustó la dinámica familiar de alguien que antes había sido maestra, y de pronto comenzó a tocar todas las noches y a salir de gira?
Ese cambio ocurrió en el 94 y por decirte mínimamente, yo no tenía ninguna ropa que me sirviera para cantar. Los primeros dos o tres años que estuve en el hotel Neptuno me ponía todos los días la misma ropa. Tenía como un uniforme: una blusita blanca, con una sayita blanca y unos zapaticos. Y no me molestaba, era como ponerme un personaje.
El primer trabajo que tuve lo perdí porque no aceptaba que nadie me echara propina. Yo lloraba. ¿Cómo iba a venir un desfile de cuatro personas a echarme dinero en el borde del ajustador? Además de que el dólar estaba penalizado, y esa era una circunstancia muy difícil de manejar. Vivía unos traumas tremendos. ¡A mí no me gustaba ni maquillarme!
Ha sido una metamorfosis muy larga porque después, cuando empecé a cantar en cabaret, tuve que aprender a bailar como un profesional de la escena nocturna. El primer coreógrafo que tuve, Luis Hidalgo, me daba con la muleta en los pies para que me soltara. Porque yo llevaba cantando cuatro años y nunca había cantado con micrófono, siempre lo había hecho a voz en pecho, en una piscina, un piano bar, un lobby bar.
Comencé cantando con una libertad enorme, me aprendí todas esas canciones en todos los idiomas habidos y por haber, y luego hice un parón enorme y me adapté a cantar durante tres años las mismas cinco canciones, y destiné el resto del tiempo a pulir el movimiento escénico, la gestualidad, el baile.
Una vez me fui a un viaje por 15 días y por poco me muero de la angustia, yo estaba adaptada a dormir todos los días a mi niño. El solo hecho de incorporarme a los seis meses cuando parí, de dejar de lactar, me costó la vida. Por poco me tengo que morir de hambre y perder mi trabajo.
Al revisar la historia de su carrera se nota que era una cosa antes de 2009 y otra después, ¿qué ocurrió ese año?
Hubo un cambio muy grande porque yo empecé a cantar profesionalmente a partir del año 94 y hasta el 2008 siempre me moví de una forma muy anónima. Participé en algunos espectáculos, incluso con grupos importantes como Manguaré, estuve mucho tiempo de gira fuera de Cuba.
Pero, aunque trabajaba todos los días, ese trabajo era muy anónimo. Y mi niño me dijo un día: “tú te vas todos los días a trabajar, pero no eres famosa, no tienes discos, no eres nadie, ese trabajo no te da nada”. Y ahí volví a encaminarme.
En el 2008, cuando empiezo a cantar en el cabaret El gato tuerto y hago mi primer discoEstaciones —que coincide con el primer concierto de mi vida, y mi primer DVD— hay un salto muy abrupto, salí a la vida del gran público.
Su relación con el niño es muy estrecha…
Mi niño está en ballet desde que tiene 5 o 6 años, ya tiene 14. Y los bailarines abandonan todos los juegos que otro niño sigue. Desde que mi niño tiene 8, 9, 10 años, no juega a los cogidos, a los escondidos, no monta patineta, ni patines, no va a la playa, nada más que vive para el ballet. Y su mundo es muy solitario, muy competitivo, la carrera es muy corta. Entonces trato de que la relación sea estrecha.
Hay otras circunstancias: mi hijo es mi familia. Tengo algunos familiares en Cuba, pero él es mi familia más directa. Y trato de apoyarlo en todo, como todas las madres, que miman y echan a perder a los hijos, hasta que salen a la calle y la vida lo pone todo en su lugar.
Ivette Cepeda en el Centre des Artes de Francia Foto DR Centre Des Artes 95
Ivette Cepeda en el Centre des Artes de Francia Foto DR Centre Des Artes 95

Alcé mi voz

¿Qué escenarios prefiere?
He cantado hasta en cooperativas agropecuarias, en explanadas de la escuela de arte sin escenografía, he cantado donde no hay ni audio, y todos esos lugares me han gustado. Me gustan los escenarios que aunque sean muy grandes me puedan llevar a vivir un momento de intimidad con el público.
Pero cuando alguien me dice que vaya a una descarga para cantar Perdóname conciencia, me quiero morir, aunque me gusta ir para escuchar a los demás. Y no me gusta la televisión.
¿Y cuando la han filmado?
Me cohíbo mucho. Me engurruño y hago gestos cuando canto, y me pongo a pensar que ojalá no me esté cogiendo la cámara. En más de una ocasión ante las cámaras he dicho: “¡ay, pero déjenme trabajar!”.
Pero en el video clip de Alcé mi voz usted luce muy suelta
Yo había tenido una experiencia anterior con Alejandro Pérez que no llegué a disfrutar, no quedé satisfecha. Y le conté cómo me hubiera gustado que fuera, que no quisiera simular algo que no soy, porque eso enrarece el sistema de expresiones que tengo para defender una canción. Y él elaboró un sistema para filmarme en el cual fui muy libre. Y me gustó mucho ese videoclip, creo que la canción lo merecía.
Pero cuando bajo las escaleras ya no soy la cantante, me encanta pasar inadvertida en el agro.
¿Y eso no le es difícil?
Ah, sí. A veces la gente me reconoce, y cuando ya no queda más remedio digo: “sí, desgraciadamente soy la cantante Ivette Cepeda”.
¿Nunca ha dicho que no es usted?
¡Sí!, ¡cantidad de veces!, y digo: “ah sí, me han dicho que me parezco mucho”, “pero la voz es igualita”, “¡hasta en eso me parezco!”.
Ivette, ¿cómo fue cantar en Miami?
Una gran experiencia. Yo lamento mucho cuando otros artistas de Cuba han ido a Estados Unidos y han sido rechazados por razones particulares en cada caso. Afortunadamente no he sufrido eso. Allí he sido querida y mimada por el público.
Me siento más orgullosa de ser cubana después de haber conocido a los cubanos que viven fuera y aun se aferran a la necesidad de sentirse cubanos, y de transmitirle eso a las personas que han ramificado su existir. Parecen niños a los que les han quitado su mejor juguete.
Yo vi personas en Los Ángeles que sus anécdotas, sinceramente, nunca se irán de mi piel. Personas que fueron despojadas de la suerte de vivir en Cuba con 11 años y nunca han dejado de soñar con el país donde nacieron, con el niñito de la casa del frente. Son cosas que parecen muy sencillas pero cuando las circunstancias de la vida te han obligado a hablar en otro idioma con tus padres, en tu casa… Es algo que te marca para siempre.
Y ese sentimiento no es solamente compatible con un cubano. Eso mismo le pasa a un mexicano que se pasa años fuera de México, y a un puertorriqueño cuando se va a vivir a Nueva York el resto de su vida, y a un ruso que terminó viviendo en Polonia, a un polaco que se fue a vivir a Francia, o a un francés que terminó viviendo en África. La tierra nos marca.
¿Qué puede esperar próximamente el público de la Ivette Cepeda cantante?
Muchos compositores me proponen que interprete boleros muy intensos, me miden porPerdóname conciencia, pero quiero ser más suave. Así que estamos renovando nuestra propuesta musical. Quisiera tener, por lo menos, cinco años más de carrera, bien aprovechados.
Me siento muy ilusionada y comprometida con lo que me queda por hacer, porque aunque le diga a la gente que no soy yo, que solo me parezco, me gusta que cuando vean lo que hago, a lo que dedico la vida, no digan que es una basura.
Así que todos los días trato de averiguar por dónde debo ir, qué debo hacer. Me llueven propuestas de cosas que quizás sean interesantes, pero no me siento capaz de defender algo usando solo el argumento de ser famosa. Eso no tiene nada que ver conmigo. Me gusta darle vida a una canción y que esa canción sirva para algo.
Yo quisiera dejar una huella de satisfacción en la gente, una luz de esperanza. Hay mucho por hacer, esto no se ha acabado todavía.
Ivette Cepeda. Foto Alejandro Pérez
Ivette Cepeda. Foto Alejandro Pérez
Ha grabado cuatro discos Foto Sandy Carbonell Radio Rebelde
Ha grabado cuatro discos. Foto: Sandy Carbonell/ Radio Rebelde
Ivette Cepeda y Andy Montañez. Foto: Tomada de Facebook
Ivette Cepeda y Andy Montañez. Foto: Tomada de Facebook
Ivette junto a su hijo Alejandro Olivera Cepeda, estudiante de ballet premiado en el reciente concurso internacional de academias de ballet. Foto: Cuenta de Facebook de Ivette Cepeda
Ivette junto a su hijo Alejandro Olivera Cepeda, estudiante de ballet premiado en el reciente concurso internacional de academias de ballet. Foto: Cuenta de Facebook de Ivette Cepeda

lunes, 4 de mayo de 2015

¿Qué hubiese hecho occidente si Baltimore no estuviese en Estados Unidos?

Protestas por muerte del joven afroamericano.
Protestas por muerte del joven afroamericano.
La ciudad de Baltimore (Maryland, EE.UU.) sufre una ola de disturbios tras la muerte el 19 de abril bajo custodia policial del joven afroamericano Freddie Gray, asunto que ha dominado los noticieros alrededor del globo.
El diario estadounidense ‘The Washington Post‘ decidió analizar cómo los medios occidentales cubren la situación o, más precisamente, cómo la habrían cubierto si Baltimore estuviera en otra parte del mundo y cómo habrían reaccionado Gobiernos y organismos.
Desde el punto de vista del diario estadounidense, si lo que está pasando en Baltimore, hubiera ocurrido fuera de EEUU., la reacción internacional habría sido la siguiente:
- Habría numerosas entrevistas con analistas internacionales que predecirían una ‘primavera’, elogiando la movilización de los jóvenes para la protesta a través de las redes sociales.
- Los Gobiernos del mundo habrían expresado su preocupación sobre el auge delracismo en el país y la violencia estatal. Habrían condenado el trato a minorías étnicas y corrupción de las fuerzas de seguridad a la hora de administrar los casos de brutalidad policial.
Londres habría emitido un comunicado: “Llamamos al régimen a frenar a los agentes de seguridad del Estado que han tratado brutalmente a miembros de minorías étnicas. La aplicación igual de la ley, así como el respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos, sean negros o blancos, es esencial para una democracia sana”.
- La ONU, por su parte, también habría emitido un comunicado: “Condenamos la militarización y la brutalidad policial que hemos observado a lo largo de los últimos meses. Instamos firmemente a las fuerzas de seguridad a lanzar una investigación rigurosa sobre la muerte de Freddie Gray en Baltimore. No hay excusa para la violencia policial excesiva”. Además, habría exhortado al Gobierno a hacer públicas las bases de datos sobre la violencia policial para mejorar la transparencia y reducir la corrupción en el sistema judicial.
- Los grupos internacionales de defensa de derechos humanos se habrían dirigido a la comunidad internacional, pidiendo facilitar asilo a las minorías étnicas negras procedentes del país.
(Con información de Últimas Noticias)

Silvio a Página 12: “Lo primero es respetar el derecho que tenemos a ser como queramos ser”

Concierto de Silvio Rodríguez en la Universidad de Panamá, durante la inauguración de la Cumbre de los Pueblos. Foto: AFP.
Concierto de Silvio Rodríguez en la Universidad de Panamá, durante la inauguración de la Cumbre de los Pueblos. Foto: AFP.
Por Karina Micheletto
Un concierto de Silvio Rodríguez en la Argentina adquiere, siempre, el carácter de acontecimiento. Aun cuando en el último tiempo las presentaciones del cubano por estos lares se han vuelto menos espaciadas, cada noticia previa de su futura llegada es anunciada por una cantidad de gente como una celebración compartida: ¡viene Silvio! Esta vez, viene con dos funciones previstas en el Luna Park –los días 27 y 28 de mayo–, y con la probabilidad, aún no confirmada oficialmente, de sumar un recital gratuito.
También es parte de la previa, en este caso periodística, el acuerdo de que la entrevista sea vía e-mail, en una distancia que el cantautor sabe acortar con respuestas generosas, incluso situando su dónde y cómo: “Te estoy escribiendo desde un cuartito de mi casa que uso como oficina. Aquí están mi ordenador, mi mesa de dibujo, varios libreros, una guitarra, un par de cámaras y algunos cuadros. Desde aquí genero buena parte de lo que hago; digamos que es mi rinconcito. Acabo de encender un ventilador a mi espalda, en el suelo. Ya hay mucho calor a fines de abril y la humanidad insular empieza a moverse, por unanimidad, hacia las aguas que nos rodean”, cuenta.
Lo que vuelve a aparecer es esta conexión especial que el cubano ha establecido con el público local: “A mí me hizo mucho efecto aquella primera vez que vinimos a la Argentina, en 1984. No esperaba que hubiera gente con telas en el aeropuerto, ni que hiciéramos tantos conciertos, ni que estuviéramos en todos los medios, tanto suceso que fuimos”, recuerda, marcando el punto de partida de ese enlace. “Para mí, la Argentina, desde niño, era un país con una gran cultura, por su cine, sus escritores, sus músicos; por su capital, que es un tópico de belleza y de universalidad. Que vayan a verme a cualquier rincón de la Argentina para mí sigue siendo un premio”, asegura.
El Trío Trovarroco (Rachid López, Cesar Bacaró y Maikel Elizarde), más el grupo conformado por la flautista y clarinetista Niurka González, Oliver Valdés en batería y percusión, Jorge Reyes en contrabajo, Jorge Aragón en piano y Emilio Vega en vibráfono, delinean la propuesta musical de estas presentaciones de Silvio Rodríguez. Del “amable lío” que significa la preparación previa de los conciertos con todos estos músicos, deAmoríos, el disco que está presentando, del disco próximo que ya está empezando a hacer con el trío Trovarroco, de Cuba hoy y a futuro, fin del bloqueo mediante, habló Silvio Rodríguez con Página/12. Y también de temas en los que expresa esa conexión local, no solo a través de sus canciones y de las de sus amigos argentinos, también estando bien al tanto de lo que aquí pasa, como las circunstancias que rodearon el anuncio de la inauguración del Centro Cultural Néstor Kirchner, finalmente sin la presencia de Martha Argerich.
–Cada concierto suyo en la Argentina se vive previamente como un ritual para sus seguidores. ¿Cómo se preparara (tanto en la Argentina como en otros lugares en los que tiene una conexión especial con el público), tiene algún “ritual” previo?
–Los integrantes del trío Trovarroco, con quienes trabajo desde hace once años, son de Santa Clara, la ciudad donde reposan los restos del Che y que queda a unos 400 kilómetros. Así que ellos tienen que venir hasta La Habana días antes, a repasar el programa, a montar algo nuevo, si es el caso. Ahora ocurre que además estamos haciendo nuestro primer disco. Hemos hecho y se han filmado muchos conciertos nuestros, pero la primera vez que estamos grabando para un disco. La preparación para cualquier movimiento que vayamos a hacer siempre pasa por largos viajes y coordinaciones. Los otros músicos, el cuarteto de jazz con quien armé Amoríos, tienen también su propio espacio, participan en otros proyectos. Así que más que rituales estamos entregados a ajustes y coordinaciones. Todo un amable lío, pudiéramos decir.
–Es inevitable que en los conciertos la gente pida a gritos “aquellos” temas, aun cuando el programa invita a las canciones nuevas. ¿Cómo maneja esta tensión entre su obra nueva y la histórica?
–Con lo único que se puede: poniendo una de cal y otra de arena. Con los años me he ido flexibilizando. A los 25, todos mis conciertos eran de canciones nuevas. Incluso me parecía una falta de respeto al público que no fuera así. Ya entonces estaba empeñado en dignificar la canción como el gran arte que yo pensaba que era, y no como aquella musiquita de consumo a la que había sido relegada. Pero quizá confundía el oficio de trovar con el del periodista que había sido recientemente. Imagínate.
–¿Por qué dedicó su nuevo disco a los Amoríos?
–De pronto me encontré con unas cuantas canciones con esa temática. Las había hecho en diversos tiempos y espacios, había cantado algunas, aunque no mucho. Hace un año me dije “¿por qué no?” Como soy de una generación muy politizada, por el lugar y el tiempo que me tocó, cuando presentábamos este tipo de canciones evitábamos decir que eran de amor, porque enseguida saltaba un listillo y decía “Eh, ¿y las otras no son de amor?”. Por supuesto que todas son de amor, de diferentes tipos de amores, incluso de desamores. Aclaro que estas mías no hablan de pasiones épicas, tipo Tristán e Isolda, sino de a veces escarceos de Fulanos con Menganas. Y a veces ni siquiera de eso, a veces son canciones que hablan del amor.
–Decía en una entrevista reciente: “En los 65 barrios ‘jodidos’ de Cuba en los que he actuado, aún no he visto a un solo niño sin escuela, zapatos o asistencia médica. ¿Será esto titular?”. Siendo una figura pública, ¿cómo maneja las construcciones de los medios?
–Bueno, sabemos que con facilidad se extrae una frase de cualquier parte, se amplifica y se arma un titular ambiguo, pero con gancho. Hay mucha conciencia de la importancia de la divulgación de las ideas. Podría decirse que como nunca. Y los intereses están a la vista, y algunos carecen de escrúpulos. No hace mucho, cuando iba por el concierto 50 de esas presentaciones que hago por los barrios de Cuba, dije que la gente estaba más jodida de lo que pensaba. Inmediatamente tres papagayos empezaron a repetir que me estaba arrepintiendo del comunismo, yo que no milito en ningún partido. Aunque estas cosas pasen, creo que hay que seguir siendo sincero, honesto, hablando lo que se piensa. Y si alguien quiere engañar a costa de uno, se le desenmascara. Una de las causas de estos disloques es que descoloca que alguien quiera algo y a la vez lo critique, como si cuestionar lo que se cree no fuera la actitud más cabal.
–Fue el invitado de honor de la Cumbre de los Pueblos, que sesionó en paralelo a la Cumbre de las Américas, en Panamá. ¿Qué cree que significa hoy esa cumbre, con Cuba incluida?
–La Cumbre de las Américas ha sido como una eclosión, un símbolo de una victoria histórica de la Revolución Cubana. Nos ha dejado un orgullo legítimo, aunque sabemos cuánta sangre, sudor y lágrimas ha costado. Estamos en una situación inédita. Date cuenta de que mi generación empezó desde niña a prepararse para combatir la posible agresión de ese país cuyo presidente acaba de estrechar la mano del nuestro. Es esperanzador, pero también falta mucho por conversar y por hacer, muchos temas pendientes, incluso de principios, como el levantamiento completo del bloqueo. No me voy a meter en terrenos de especialistas, solo advertir que si por una parte nos contenta que se le dé una oportunidad a la paz, también estamos conscientes de la complejidad de lo que falta. Es loable lo que ha hecho Obama, chapó por el paso. Pero lo primero es respetar el derecho que tenemos, como pueblo, a ser como queramos ser.
–¿En cuánto cree que beneficiará entonces el fin del bloqueo a Cuba?
–En muchas direcciones el fin del bloqueo será positivo. Empezando por ellos. Hay un fuerte lobby de empresarios y productores de granos del sur que desde hace años empujan por la normalización. Y, moralmente, es el mejor paso que pueden dar para empezar a revertir su aislamiento, cada vez más profundo, con América Latina. Para nosotros representa hacer uso, por primera vez, de nuestras plenas capacidades. Una vez el presidente Correa dijo que el bloqueo era como maniatar a alguien, lanzarlo a una piscina y decir que se ahogó porque no sabía nadar. Es una metáfora perfecta. Pues yo creo que quizá no ganemos las olimpíadas, pero seguro estoy de que vamos a nadar, y bien.

Un concierto barrial

Además de los conciertos que dará en el Luna Park, su nombre sonó como uno de los posibles para la inauguración del Centro Cultural Néstor Kirchner. ¿Hará una presentación de entrada gratuita?
–Mira, en realidad fui invitado por la ministra de Cultura, Teresa Parodi, que es una vieja amiga. En un principio, los organizadores lo dispusieron para que el cierre de mi visita fuera la actividad en el Centro Kirchner. Yo sugerí que organizaran un concierto en un barrio bien popular de Buenos Aires, como los que hago en La Habana, y creo que eso es lo que vamos a hacer: un concierto barrial en Buenos Aires.
–Recientemente la pianista Martha Argerich declinó su presentación en este espacio, que también iba a tener lugar en la inauguración. ¿Qué opina de ese episodio?
–Debo empezar diciendo que tenemos su discografía. Es una artista que amamos, un temperamento pianístico. Es lamentable que una intérprete de la estatura de Martha Argerich sea víctima de una manipulación semejante. No es descartable pensar que los que originaron los rumores tuvieran un interés político: impedir que se realizaran los recitales anunciados. Me parece en extremo insensible interponerse tan groseramente entre una artista de esa envergadura y su pueblo. Deploro que se salgan con la suya.
(Tomado de Página12)