Fue la voz de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien vive la conversión del corazón y abraza el camino de la Cruz como señala San Pablo: “para algunos es locura, para otros es vida y redención.”
Romero soportó muchas incomprensiones dentro de la misma iglesia, su voz, sus reclamos y denuncias no quisieron ser oídas en el Vaticano; hubo corrientes ideológicas y mala información sobre lo que ocurría en El Salvador. El simplismo conceptual y político redujo todo a la polarización Este-Oeste, entre el capitalismo y el comunismo, basado en la Doctrina de la Seguridad Nacional imperante. Se olvidaron de miles de hermanos y hermanas víctimas de la violencia. Romero trató que el Vaticano lo escuche y ayude, pero salió angustiado y regresó a su país con el dolor en el alma.
Algunos campesinos que lo conocieron recuerdan